-Encantada- dije yo-Soy Claire.
-No debes hablarle así a los arcángeles. Pueden enfadarse contigo y eso no es bueno-Cat se había levantado del suelo y volaba hacia mi.
-Lo se, pero el no se da cuenta de las cosas. Odio a ese tipo de personas.
-Querrás decir de ángeles. Ya no somos humanos, ni personas. Y eso es lo que me aterra.
Sentí una oleada de instinto maternal en el pecho y la abracé.
-Tranquila. Pase lo que pase yo estaré ahí contigo. ¿Vale?
Ella asintió y nos tranquilizamos. A ninguna nos gustaban las fiestas. Así que nos subimos a las habitaciones para descansar. A la mía en concreto. Nos sentamos en el borde de la cama y charlamos un rato. Entonces una oscuridad invadió de repente la habitación. Me sentí muy angustiada sin saber el porqué.
Las dos nos abrazamos y corrimos hacia el comunicador con la central de justicia celestial.
-Es el infierno. Está muy cerca del cielo y por las noches nos roza, pero os acostumbraréis, luego no es nada.-nos explicó el ángel encargado.
Mas tranquilas ya decidimos descansar mas, y como nos habían explicado al lado de las camas estaban unos pequeños tubitos de un material suave y esponjoso que nos pusimos en el pecho, y una oleada de satisfacción nos recorrió el cuerpo. Eso nos dejaba como atontadas y nos desmayábamos durante dos horas. Esos tubitos teníamos que utilizarlos una vez al dia, porque si no estábamos débiles y sin fuerzas para nada. Entonces, nos quedamos profundamente dormidas.
Me desperté después de unas horas, en mi cama. Alguien me había puesto una túnica
blanca muy cómoda, me había desecho las trencitas del pelo y Me había arropado y metido en la
cama. Susanne.
Ella todavía estaba con el letargo. A saber a que hora había vuelto...Me levanté y le di un beso en la frente. Luego todavía con la túnica puesta, salí al balconcito de nuestra
habitación y miré las vistas preciosas. Había Nubes Por todos lados, y en medio un
Enorme y grandioso sol dando paso a un nuevo dia.
A un nuevo dia para los muertos. Me extremecí involuntariamente. Muerta. Que mal
sonaba, como a libro de crepúsculo.
Salí del balcón y preparé la ropa para bajar a la plaza. Elegí unos legin blancos (como no)
y una blusa del mismo color, con encaje en la cintura y en el cuello. Necesitaba hablar con Gabriel. Necesitaba hacer las paces con el. Con podía estar enfadada con el.
Me teletransporté hasta la plaza de enfrente del edificio de la justicia celestial. Allí había ángeles caminando, charlando, jugando a la pelota...y un grupo de jóvenes riendo y tonteando. Gabriel era uno de ellos.
-¡Gabriel!- lo llamé. Todo el grupo me miró. Eran cinco chicos muy atractivos de mi edad.
Me sonrieron y me guiñaron el ojo menos él. Estaba muy enfadado. Murmuró algo a sus amigos y se acercó a mi.
-Qué quieres- dijo malhumorado.
-Yo...hablar contigo, y decirte que lo siento...mucho.
-Vale- dijo.
Me extrañé. No esperaba esa reacción de el. Lo consideraba un ejemplo, un chico serio, un arcángel. Y en realidad era un adolescente como yo, un chico que era muy sereno en el momento en que se lo proponía. Y eso no me gustaba.
-¿Has terminado?- me despertó su voz.
-Yo...si
-Pues adiós entonces. Nos vemos esta tarde para la entrega de ahijados.
Aun estaba serio. Muy serio.
-¿Aún estas enfadado?-le dije cuando se giró.
-No- respondió sin volverse.
-¿Y por qué no me hablas?- le dije con los ojos llenos de lagrimas
-Porque no eres como esperaba.
Eso me dolió de verdad. Si ese era el verdadero Gabriel, prefería mantenerme alejada.
Así que me giré y corrí todo lo que pude, huí de mi misma.
-¡Claire, espera! Fué lo ultimo que oí.
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