martes, 3 de septiembre de 2013

Capítulo 11

Me quedé helada. Tenía delante a un demonio mayor, uno de los que mas mandaban. 
-No vuelvas a salir de tu habitación. ¿Eres consciente de que si te ven unos demonios, por muy inútiles que sean, pueden matarte con solo alzar la mano? ¿Sabes lo que me cuesta protegerte y no matarte como debería de hacer?- espetó Ashlan fulminándome con la mirada. 
Yo la bajé.
"¿Y para qué me proteges?" pensé
-Anda, llamaré a alguna diablesa para que te lleve a la habitación.
Agitó los dedos y apareció una joven diablesa de unos veinte años. 
-Tú misma, llévala a la habitación donde estaba- dijo volviendo la cabeza hacia Aaron.
Ella asintió y siseó descontenta. 
-Lo que voss digáiss mi joven sseñor- dijo sacando una lengua negra y desagradable de unos veinte centímetros, gelatinosa y escamosa. Me fijé en sus ojos, rojos y atigrados. Y su lengua... Puajj, era asquerosa. 
-¡Espera!- dije mientras la diablesa me arrastraba fuera -¡No puedes hacer esto! 
Él se giró hacia mi suspirando y rodando los ojos. 
-¡Por Satán! ¿Y qué quieres que haga? ¿Que llame a tus amiguitos ángelitos que andan desnudos por el cielo para que vengan y te rescaten? 
-¡No!- dije exasperada -¡Para tu información, no andamos desnudos! ¡Y te agradecería que, por lo pronto, me quitaras a esta...criatura de encima!
La diablesa me fulminó con la mirada, y me agarró con fuerza por los hombros. 
-Eres apetecible, ángel. Y no lo digo para comerte. Sabrás que los demonios matamos a los ángeles. Y que un instinto nos hace vulnerables ante eso. No podemos resistirnos. Pero tú... Eres especial. Eres... Tremendamente perfecta para estar ante mis pies , sin vida- dijo  Ashlan acercándose y cogiendo con suavidad un pequeño rizo. Me percaté de que tenía unos profundos ojos dorados con toques grises- No me provoques... Porque la próxima vez no me resistiré y te mataré, pequeña.
Me aparté y bajé la mirada, intentando que se alejara de mí. Era terríblemente aterrador.
-Vamoss, anda, niña...- me dijo la diablesa sacando su larga lengua- Deja en paz al sseñor y métete en tuss assuntoss. No merecess la pena, esstúpida niña mimada. 
Indignada, me revolví, intentando que se apartara y me dejara espacio. Pero de repente, me agarró el hombro, haciendo que cada vez se pusiera mas morado. Un dolor intesísimo me invadió por esa zona. Me estaba arrancando la luz de mi interior. 
Solté un grito ahogado 
Mire a Aaron, y el sonreía perversamente. En cambio Ashlan estaba nervioso. 
-Déjala - dijo -Venga. Ya.
La diablesa me soltó y el dolor terminó. 
Caí al suelo, dolorida. Miré rápidamente mi hombro, rozándolo suavemente. Estaba morado, como si me hubiera dado un golpe. Y los huesos se notaban considerablemente.
-¿Estás bien? - me dijo Ashlan acercándose y tendiéndome la mano.
-Ssi- logré articular, levantándome- Pero agradecería que tus agradables gentes no me atacaran así. 
El se rió, pero volvió a su forma habitual.
-Vete ya y no hagas mas tonterías.
Refunfuñé y comencé a andar hasta la puerta principal.
-No van a dejarte entrar así como así- dijo Aaron agitando la cabeza- ¿Cómo van a dejar entrar a un ángel? No pareces muy lista
Fruncí el ceño, pero paré. 
Aaron se acercó y me agarró del brazo, caminando hacia la entrada.
-¡Eh!- grité intentando soltarme
-Aaron, déjala. Ve a mis habitaciones y espérame allí. Luego iremos a ver a Los Hermanos- dijo Ashlan acercándose.
Aaron asintió .
Ashlan se encaminó hacia la puerta y yo le seguí.
En ella, cinco demonios con grandes lenguas, y grandes ojos atigrados vigilaban y nos escrutaban. 
Le dejaron pasar cerrándome el paso a mi. 
-¿Un Ángel? Pocos vienen por aquí- dijo uno riendo- ¿Qué haces aquí, bonita?
-Viene conmigo- dijo Ashlan con una dura voz.
El guardia se ruborizó pero no perdió la sonrisa.
-¿Su último antojo es un ángelito, señor?
Ashlan levantó la mano, y el guardia desapareció. 
-¿Adónde a ido?- pregunté con voz débil.
Los demás guardias se envararon y miraron al frente, disciplinados. 
-A los siete infiernos- me respondió Ashalan seriamente



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